EL MIEDO
El
miedo es una emoción dolorosa, dada por la proximidad de un peligro,
real o imaginario, y que está acompañada por un vivo deseo de
evitarlo y de escapar de la amenaza. Es un instinto común a todos
los seres humano del que nadie está completamente libre. Nuestras
actitudes ante la vida están condicionadas en gran medida por esos
temores que brotan de nuestro interior, en grados tan diversos que
van desde la simple timidez hasta el pánico desatado, pasando por la
alarma, el miedo y el terror. Se
nos hiere desde la infancia y por el resto de nuestra existencia
cargamos con esa herida, temerosos de que se nos vuelva a lastimar o
tratando de que no se nos lastime, viviendo una forma de resistencia.
Nos damos cuenta, pues, de estas heridas y que por ellas creamos una
barrera alrededor de nosotros, la barrera
del miedo.
El
miedo toma diferentes
formas,
miedo a no ser recompensados, miedo de fracasar, miedo de la propia
debilidad, miedo del sentimiento que genera en nosotros tener que
llegar a cierto punto y no ser capaces de lograrlo, miedo a la
oscuridad, miedo a la propia esposa o al marido, miedo a la sociedad,
miedo de morir, etc. El miedo es como un árbol que tiene muchas
ramas, y aquí nos referimos a de la raíz misma de ese árbol, no de
nuestra forma particular de miedo.
El temor no es bueno ni saludable.
No es lo más adecuado justificar el miedo, pues éste únicamente
nos coacciona. Desde el miedo no puede surgir ni el conocimiento ni
la sabiduría. El miedo nos aparta de la realidad y nos hace entrar
en un mundo subjetivo, paralizante y desbordante. El problema de la
humanidad reside en que los seres humanos tememos. Tenemos miedo
porque nos aferramos a cosas y a personas que, por sí mismas, no se
pueden “poseer”. Tememos por nuestro buen nombre y posición, por
nuestra familia y posesiones. Nos convertimos siempre en víctimas
de nuestra propia ansia y ambición. Quien posee teme, y éste es un
defecto común, en distintos grados, de casi toda la humanidad.
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